Sancho

Sancho Panza era un normal y bastante inculto labriego,   padre honrado de familia, y marido de la no muy hermosa Teresa Panza. Él era otro como los demás campesinos, gordo y con sueños de riqueza y poder.

Pero, aun con todos estos defectos, nuestro querido hidalgo, Don Quijote de la Mancha, decidió nombrarlo su fiel e inseparable escudero. No fue muy difícil para Don Quijote  convencer al soñador Sancho, ya que rápidamente decidió marchar con su señor después de la increíble promesa de regalarle una ínsula.

Para muchos, Sancho era y será un gordo gracioso que se dejaba llevar por la vida; pero él era mucho más que eso. Él siguió siempre acompañando a su alocado señor en sus desastrosas aventuras, siempre impasible y valerosamente fiel.


 

HISTORIA DE LOS MOLINOS DE VIENTO

Compara la famosa historia de los molinos vistos desde Sancho y Don Quijote.


· DON QUIJOTE

Cuando salí de casa junto a Sancho para emprender nuevas aventuras, nos encontramos en el campo de Montiel, y vi unos enormes gigantes que me provocaban. ¡Eran unos treinta o cuarenta como mínimo!
Me armé de valor y como caballero que soy, le demostré a Sancho que no sentía miedo alguno y quise envestirles, pero Sancho estaba como poseído porque no veía gigantes, me dijo que eran molinos.
Pensé que estaba loco, ¿cómo podía ver molinos? ¡Eran gigantes claramente!
Ignoré a Sancho, ya que padecía de locura, y mandé a Rocinante que avanzara a toda velocidad hacía los gigantes.
Los envestí, pero de repente uno de ellos me agarró con uno de sus enormes brazos y me lanzó junto a Rocinante por los aires, partiéndome así la lanza.
Sancho fue a socorrerme y desde el suelo, medio aturdido y lleno de rabia, vi ¡molinos! ¡Aspas en vez de brazos!
Así que reconocí a Sancho que fue Frestón, mi gran enemigo, quien gastándome una broma me hizo ver gigantes.
De camino otra vez me acordé que Diego Pérez de Vargas (Machuca) se construyó una lanza a partir de una rama de roble.
Así que decidí hacer lo mismo con el primer roble o encina que encontrara.
Sancho ya tenía hambre, para variar, pero yo no lo necesitaba, y seguí el camino mientras Sancho montado en su asno iba comiendo.
De lejos he visto unos árboles donde pasamos la noche.

 

 

· SANCHO

Hoy hemos ido al campo de Montiel con mi señor, donde habían treinta o cuarenta molinos.
Él empeñado en que eran gigantes se lanzó a luchar contra ellos. Sin embargo yo veía molinos y estaba muy preocupado por lo que le pudiera pasar.
En aquel momento se levantó u poco de viento y las aspas de los molinos empezaron a moverse. La lanza de mi señor, se enganchó en el aspa del primer molino y por consiguiente mi señor acabó por los suelos. Acudí a socorrerlo muy preocupado por su estado físico, y vi que no se podía mover. En aquel momento pensé lo peor, pero me  esperanzó ver que respiraba.
Mi amo me dijo que Frestón había convertido los gigantes en molinos de viento y yo empecé a dudar de si él tenia razón o si siempre habían sido molinos de viento.
Yo sabía que mi señor estaba sufriendo por el dolor de la caída, aunque no se quejaba porque es un caballero.
Por la noche nos fuimos a buscar un sitio para dormir. Pasamos por en medio del bosque los dos con mucha hambre. Mi amo no quería comer porque decía que no lo necesitaba, y por esta razón tampoco me dejó comer a mí. Me sentía vacío, como si no hubiera comido en un mes entero. No podía soportarlo, creía que en cualquier momento me caería en el suelo. Entonces cogí la comida y me la comí a espaldas de mi señor. No había mucha, y tampoco es que estuviera muy buena, pero mas vale pájaro en mano que ciento volando.

 

 

 

Realizado por Javier Córdoba (2ºB)