·
DON QUIJOTE
Cuando
salí de casa junto a Sancho para emprender
nuevas aventuras, nos encontramos
en el campo de Montiel, y vi unos
enormes gigantes que me provocaban.
¡Eran unos treinta o cuarenta como
mínimo!
Me armé de valor y como caballero
que soy, le demostré a Sancho que
no sentía miedo alguno y quise envestirles,
pero Sancho estaba como poseído porque
no veía gigantes, me dijo que eran
molinos.
Pensé que estaba loco, ¿cómo podía
ver molinos? ¡Eran gigantes claramente!
Ignoré a Sancho, ya que padecía de
locura, y mandé a Rocinante que avanzara
a toda velocidad hacía los gigantes.
Los envestí, pero de repente uno de
ellos me agarró con uno de sus enormes
brazos y me lanzó junto a Rocinante
por los aires, partiéndome así la
lanza.
Sancho fue a socorrerme y desde el
suelo, medio aturdido y lleno de rabia,
vi ¡molinos! ¡Aspas en vez de brazos!
Así que reconocí a Sancho que fue
Frestón, mi gran enemigo, quien gastándome
una broma me hizo ver gigantes.
De camino otra vez me acordé que Diego
Pérez de Vargas (Machuca) se construyó
una lanza a partir de una rama de
roble.
Así que decidí hacer lo mismo con
el primer roble o encina que encontrara.
Sancho ya tenía hambre, para variar,
pero yo no lo necesitaba, y seguí
el camino mientras Sancho montado
en su asno iba comiendo.
De lejos he visto unos árboles donde
pasamos la noche.
|
· SANCHO
Hoy
hemos ido al campo de Montiel con
mi señor, donde habían treinta o cuarenta
molinos.
Él empeñado en que eran gigantes se
lanzó a luchar contra ellos. Sin embargo
yo veía molinos y estaba muy preocupado
por lo que le pudiera pasar.
En aquel momento se levantó u poco
de viento y las aspas de los molinos
empezaron a moverse. La lanza de mi
señor, se enganchó en el aspa del
primer molino y por consiguiente mi
señor acabó por los suelos. Acudí
a socorrerlo muy preocupado por su
estado físico, y vi que no se podía
mover. En aquel momento pensé lo peor,
pero me
esperanzó ver que respiraba.
Mi amo me dijo que Frestón había convertido
los gigantes en molinos de viento
y yo empecé a dudar de si él tenia
razón o si siempre habían sido molinos
de viento.
Yo sabía que mi señor estaba sufriendo
por el dolor de la caída, aunque no
se quejaba porque es un caballero.
Por la noche nos fuimos a buscar un
sitio para dormir. Pasamos por en
medio del bosque los dos con mucha
hambre. Mi amo no quería comer porque
decía que no lo necesitaba, y por
esta razón tampoco me dejó comer a
mí. Me sentía vacío, como si no hubiera
comido en un mes entero. No podía
soportarlo, creía que en cualquier
momento me caería en el suelo. Entonces
cogí la comida y me la comí a espaldas
de mi señor. No había mucha, y tampoco
es que estuviera muy buena, pero mas
vale pájaro en mano que ciento volando.
|