|
Cervantes
abandonó
el
ambiente
pontificio
en
1570,
para
entrar
en
el
servicio
militar,
Se
alistó
primero
en
Nápoles
a
las
órdenes
de
Álvaro
de
Sande,
para
sentar
plaza
después,
con
toda
seguridad,
en
la
compañía
de
Diego
de
Urbina,
del
tercio
de
don
Miguel
de
Moncada

Se
embarcaría
en
la
galera
Marquesa,
junto
con
su
hermano
Rodrigo,
para
combatir,
el
7
de
octubre
de
1571,
en
la
batalla
naval
de
Lepanto.
Aunque
en
aquellos
días
sufría
de
fiebres,
luchó
con
valor,
pues
recibió
dos
arcabuzazos
en
el
pecho
y
uno
en
la
mano
izquierda,
que
se
la
dejaría
inutilizada
para
siempre.
A
cambio,
quedaría
inmortalizado
como
EL
MANCO
DE
LEPANTO
Ya
recuperado
de
sus
heridas
en
Mesina,
en
1572
se
incorporó
a
la
compañía
de
don
Manuel
Ponce
de
León,
del
tercio
de
don
Lope
de
Figueroa,
dispuesto
a
seguir
como
soldado,
pese
a
tener
una
mano
lisiada.
Unos
tres
años
después
Cervantes
decide
regresar
a
España,
no
sin
obtener
antes
cartas
de
recomendación
del
propio
don
Juan
de
Austria,
reconociéndole
sus
méritos
militares.

En
1575
embarca
en
Nápoles
y
parte
rumbo
a
Barcelona,
con
tan
mala
suerte
que
una
tempestad
las
dispersa
y
precisamente
El
Sol,
en
la
que
viajaban
Cervantes
y
su
hermano,
es
apresada,
ya
frente
a
las
costas
catalanas,
por
unos
corsarios
berberiscos.
Los
cautivos
son
conducidos
a
Argel
y
Miguel
de
Cervantes
cae
en
manos
de
Dalí
Mamí,
apodado
El
Cojo,
quien,
a
la
vista
de
las
cartas
de
recomendación
del
prisionero,
firmadas
por
el
gran
capitán
mediterráneo
Juan
de
Austria,
fija
su
rescate
en
500
escudos
de
oro,
cantidad
prácticamente
inalcanzable
para
la
familia
de
su
padre
el
cirujano.
Intentó
escaparse
en
varias
ocasiones,
sin
éxito,
y
al
final
fue
liberado
gracias
al
rescate
pagado
por
el
fraile
trinitario
fray
Juan
Gil.
El
27
de
octubre
llega
a
las
costas
españolas
y
desembarca
en
Denia
(Valencia):
su
cautiverio
ha
durado
cinco
años
y
un
mes.
En
1581
fue
a
Orán,
en
misión
desconocida,
y
luego
a
Lisboa,
a
dar
cuentas
al
gobierno
de
Felipe
II.
Nunca
le
fueron
recompensados
sus
méritos
militares.
|